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¿La sostenibilidad realmente encarece los rodajes?

  • Foto del escritor: Emmanuel Jaramillo
    Emmanuel Jaramillo
  • 12 ene
  • 3 min de lectura
Imagen creada con ChatGPT
Imagen creada con ChatGPT

Cada vez que se abre la conversación sobre sostenibilidad ambiental en el audiovisual aparece un argumento recurrente, casi automático: “eso es muy caro”.


La idea de que medir, mitigar o compensar el impacto ambiental de un rodaje implica un aumento significativo del presupuesto se ha convertido en una de las principales barreras para avanzar en este tema dentro de la industria.


Pero ¿qué tan cierta es esta afirmación?¿Ser sostenible es realmente más caro o simplemente exige producir de otra manera?


El origen del mito: costos visibles vs. costos invisibles


En muchos rodajes tradicionales, los costos ambientales no desaparecen: simplemente no se contabilizan. El consumo excesivo de combustible, los desplazamientos innecesarios, la generación de residuos, el deterioro de locaciones o los reprocesos logísticos suelen asumirse como “parte del rodaje”.


La sostenibilidad, en cambio, obliga a hacer visibles esos costos, a medirlos y a tomar decisiones conscientes desde la planeación. Y es justamente ese ejercicio de medición el que suele percibirse como un gasto adicional, cuando en realidad es una herramienta de control.


Planeación sostenible vs. improvisación costosa


Uno de los grandes aprendizajes de las industrias audiovisuales que ya aplican estándares sostenibles es que muchos impactos ambientales están directamente relacionados con fallas de planeación.


Optimizar rutas de transporte, reducir traslados innecesarios, planear mejor el uso de energía, concentrar jornadas de rodaje o minimizar cambios de última hora no solo disminuye la huella ambiental, sino que reduce costos operativos reales.


La sostenibilidad, en este sentido, no compite con la eficiencia: la refuerza.


Experiencias internacionales: producir mejor, no producir más caro


En países donde la sostenibilidad audiovisual es un estándar, las prácticas ambientales no se entienden como un “extra”, sino como parte del proceso productivo. La figura del coordinador de sostenibilidad, el uso de calculadoras de huella de carbono o los planes de manejo ambiental se integran desde la fase de desarrollo del proyecto.


Esto permite anticipar riesgos, optimizar recursos y evitar gastos imprevistos. En muchos casos, los equipos reportan ahorros indirectos asociados a una mejor organización del rodaje.


La pregunta entonces no es por qué estas prácticas funcionan afuera, sino por qué en Colombia seguimos asociándolas exclusivamente con sobrecostos.


El verdadero costo de no ser sostenibles


Producir sin criterios ambientales también tiene un costo, aunque pocas veces se incluya en el presupuesto. El deterioro de los territorios, el conflicto con comunidades locales, la pérdida de locaciones, la mala reputación institucional o el cierre de espacios para futuros rodajes son consecuencias reales de prácticas irresponsables.


A largo plazo, ignorar la sostenibilidad puede resultar mucho más costoso que integrarla de forma gradual y estratégica.


Cambiar la pregunta: de “cuánto cuesta” a “cómo producimos”


Tal vez la pregunta correcta no sea si la sostenibilidad encarece los rodajes, sino qué tipo de prhttp://industria.Laoducción estamos defendiendo. Una producción basada en la improvisación, el exceso y el corto plazo, o una producción pensada desde la eficiencia, el cuidado del territorio y la proyección futura.


Asumir prácticas sostenibles implica revisar hábitos profundamente arraigados en la industria, y eso genera resistencia. Pero también abre la puerta a un audiovisual más profesional, competitivo y responsable.


Pensar el futuro del audiovisual colombiano


Si Colombia aspira a consolidarse como un hub audiovisual internacional, la sostenibilidad no puede seguir siendo un tema secundario. Cada vez más fondos, coproductores y plataformas consideran los criterios ambientales como parte de sus evaluaciones.


Integrar la sostenibilidad no es solo una decisión ética, sino una estrategia de supervivencia y crecimiento para la industria. La discusión urgente es si estamos dispuestos a decidir conscientemente cuál será esa huella.


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