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Preditor: cuando la “versatilidad” se convierte en abuso laboral

  • Foto del escritor: Emmanuel Jaramillo
    Emmanuel Jaramillo
  • 2 ene
  • 2 min de lectura
Imagen creada con ChatGPT
Imagen creada con ChatGPT

Desde hace un tiempo vengo viendo cada vez más convocatorias para el cargo “Preditor (Producer + Editor)”, un término que, aunque existe desde hace años en contextos muy específicos de la industria audiovisual, hoy se está utilizando de forma cada vez más generalizada y, en muchos casos, preocupante.


En su origen, este tipo de rol respondía a dinámicas concretas: equipos pequeños, proyectos puntuales, formatos donde una misma persona podía asumir decisiones narrativas y técnicas sin que eso implicara una sobrecarga desmedida. El problema no es el concepto en sí, sino cómo se ha vaciado de contexto y se ha convertido en una etiqueta funcional para reducir costos.


Imagen creada con ChatGPT
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En la práctica, muchas de estas convocatorias no responden a una necesidad creativa real, sino a una estrategia para fusionar dos (o más) roles altamente especializados en uno solo. Se espera que una misma persona produzca, planifique, grabe, edite, adapte contenidos a múltiples formatos y, en algunos casos, incluso diseñe piezas gráficas o animadas. Todo esto mientras el salario, el tiempo y las condiciones se mantienen como si se tratara de un solo cargo tradicional.


Se romantiza la “versatilidad” y la “multifuncionalidad” como si fueran valores en sí mismos, cuando en realidad muchas veces lo que ocurre es que se diluyen responsabilidades, se normalizan jornadas poco sostenibles y se desvaloriza la experiencia profesional. Bajo este discurso, la eficiencia termina siendo sinónimo de acumulación de tareas, y no de una mejor organización del trabajo.


No estoy en contra de los perfiles híbridos. Existen profesionales capaces de moverse entre distintas áreas y hacerlo bien. Pero eso solo funciona cuando hay claridad en el alcance del rol, límites definidos, tiempos realistas y una compensación acorde a la responsabilidad asumida. Cuando nada de eso está presente, el término “Preditor” deja de describir un perfil y empieza a encubrir una forma de precarización.


La industria audiovisual, especialmente en contextos de alta demanda de contenido, necesita ser eficiente, sí. Pero la eficiencia no puede construirse a costa del desgaste, la informalidad o la sobreexigencia constante. Necesita criterio para definir roles, transparencia para plantear expectativas y respeto por el oficio y por quienes lo ejercen.


Porque cuando todo recae en una sola persona, lo que se pierde no es solo calidad de vida laboral: también se pierde calidad creativa. Y eso, tarde o temprano, termina afectando a toda la industria.


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