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¿Qué huella ambiental deja el cine que se filma en Colombia?

  • Foto del escritor: Emmanuel Jaramillo
    Emmanuel Jaramillo
  • 2 ene
  • 3 min de lectura
Imagen creada con ChatGPT
Imagen creada con ChatGPT

En los últimos años, Colombia se ha consolidado como un destino atractivo para grandes producciones internacionales de cine y series. Sus paisajes diversos, su talento técnico, los incentivos económicos y la creciente infraestructura audiovisual han convertido al país en un escenario recurrente para rodajes de alto nivel.


Sin embargo, en medio de este crecimiento acelerado, hay una pregunta que me inquieta cada vez más y que rara vez ocupa un lugar central en las conversaciones del sector: ¿Qué tanto estamos midiendo, mitigando y compensando el impacto ambiental de nuestros rodajes?


El crecimiento de la industria y sus impactos invisibles


Cada rodaje implica una movilización importante de recursos: transporte de equipos y personal, consumo energético, generación de residuos, intervención temporal (y a veces permanente) de territorios naturales y comunidades locales. Estos impactos no siempre son evidentes a simple vista, pero existen y se acumulan con el tiempo.


Cuando el audiovisual se expande sin una reflexión ambiental paralela, el riesgo no está solo en el daño ecológico, sino en la contradicción entre el discurso cultural del cine y sus prácticas reales. ¿Cómo contar historias sobre el territorio, la memoria o la identidad sin preguntarnos por la huella que dejamos en esos mismos lugares?


La sostenibilidad audiovisual como estándar internacional


En otros países, la sostenibilidad en el audiovisual dejó de ser una iniciativa aislada o voluntaria. Hoy existen estándares claros, herramientas de medición de huella de carbono, protocolos de mitigación ambiental y planes de compensación que hacen parte integral del proceso de producción.


En industrias como la del Reino Unido, Canadá, Alemania o España, estos lineamientos no solo son promovidos, sino que en muchos casos son requisitos para acceder a fondos públicos, incentivos o certificaciones. La sostenibilidad se entiende como una dimensión más de la producción, al mismo nivel que el presupuesto, el cronograma o la seguridad laboral.


Lo interesante (y preocupante) es que muchas de las producciones internacionales que llegan a Colombia provienen justamente de estos contextos donde los estándares ambientales son obligatorios.


¿Qué pasa cuando esas producciones llegan a Colombia?


En el contexto colombiano, la aplicación de estos estándares suele diluirse. No porque no sea posible implementarlos, sino porque no existe una exigencia clara ni un marco estructural que los impulse de forma consistente.


La sostenibilidad ambiental en los rodajes locales sigue siendo, en muchos casos, una decisión individual del productor o del equipo, más que una práctica sistemática del sector. Esto genera una brecha: producimos para una industria global, pero con reglas locales que aún no incorporan plenamente la dimensión ambiental.


Imagen creada con ChatGPT
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El dilema recurrente: costos, tiempos y exigencias


Una de las razones más frecuentes para relegar este tema es la percepción de que la sostenibilidad encarece los rodajes o complica la operación. Sin embargo, en muchos contextos internacionales se ha demostrado lo contrario: medir y planificar mejor reduce desperdicios, optimiza recursos y mejora la eficiencia general de la producción.


El verdadero dilema no siempre está en los costos reales, sino en la falta de información, formación y voluntad para cambiar ciertas dinámicas de producción que llevamos años repitiendo.


Pensar el futuro del audiovisual colombiano


La pregunta de fondo no es solo ambiental, sino estratégica. ¿Queremos que el crecimiento del audiovisual colombiano sea sostenible a largo plazo? ¿Queremos que el país sea reconocido no solo por sus locaciones y beneficios económicos, sino también por la responsabilidad con la que se producen las historias?


Avanzar hacia prácticas sostenibles medibles y certificables no significa frenar la industria, sino fortalecerla. Implica pensar el cine y el audiovisual no solo como productos culturales, sino como actividades que interactúan directamente con territorios, comunidades y ecosistemas.


Abrir la conversación


Este artículo no busca ofrecer respuestas definitivas, sino abrir una conversación necesaria. Me interesa escuchar a productores, directores, técnicos, gestores culturales y a todas las personas que hacen parte del ecosistema audiovisual.


El futuro del audiovisual también se juega en cómo cuidamos los territorios donde filmamos.



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